9-1- El día mundial de la mujer

2- Te quiero igual

3- La parte de adelante

4- Clonazepán y circo

5- Los aviones

6- Más duele
7- Cuando te conocí

8- Prefiero dormir
9- Jugar con fuego

10- Maradona
11- Una bomba

12- Socio de la soledad

13- Son las nueve

14- Las dos cosas
15- Veneno
16- Ansia de Plaza Francia
17- Paloma

18- Con Abuelo

1- No tan Buenos Aires

2- El tren que pasa
3- Victoria y Soledad
4- Mi propia trampa

5- Negrita

:worship:

6- Voy a dormir

7- Eclipsado

8- Mi quebranto

9- Me pierdo
10- Hacer el tonto

11- Naranjo en flor
12- Aquellos besos
13- No son horas

14- Las heridas

15- Hay

16- El ritmo del lunes
17- ¿Para qué?
18- No va más
19- La parte de atrás

Bueno, aprovechando este rato por casa en el que no se me ocurre qué hacer (y por supuesto no voy a ponerme a estudiar) voy a comentar este disco.
A mí personalmente me parece un discazo, sin duda lo mejor que ha hecho Calamaro. No tan adolescente (según Javi) como muchos de sus temas en Los Rodríguez o Los Abuelos De La Nada, y bastante variado, tomando un poco de todo. También diría que pese a ser un disco largo y ambicioso, también lo veo muy fresco y espontáneo, la producción es bastante cruda y con poco artificio, sin llegar por ello a ser tosca ni desgradable.
Ahora bien, en un disco tan largo tiene que haber algún defecto, y aquí el defecto es que muchos temas consisten en una o dos ideas melódicas repetidas una y otra vez (ejemplo, “Paloma” o “Voy a dormir”), que pese a todo funciona bastante bien la mayoría de veces.
El CD 1 es el más comercial y donde están la mayoría de clásicos que ha dado este disco a la discografía de Andrés. Empieza con la que seguramente es la mejor canción de la discografía en solitario de este hombre (si contamos sus bandas, le reservo ese puesto a la perfecta “Sin documentos”): “El día mundial de la mujer”. Una potente pieza repetitiva y distorsionada, una especie de fusión entre Bob Dylan y Black Sabbath, con algunos versos realmente amargos. Y es que este disco es en muchos de los temas la crónica de una ruptura sentimental que costó bastante a nivel personal a este músico. En mi opinión una canción grandiosa, que no me importa cuántas veces lo escuche: no le encuentro nuevos detalles, pero con los que tiene, me es suficiente para babear una y otra vez. Sigue uno de los grandes singles de Calamaro, “Te quiero igual”, con ese inconfundible riff a lo Byrds, su deliciosa melodía de armónica, su estúpida letra, que pese a todo tiene algún verso que me encanta (
”Sé que te quiero, y que me esperan en más aeropuertos…”… escalofríos), ese órgano hammond y ese optimismo vital de cada nota. Sigue con la también dylaniana “La parte de adelante”, que es poco más que el mismo verso una y otra vez, pero con continuos cambios de intensidad y una melodía buenísima que hace que no decaiga, y que hace pensar que podría durar mucho más sin cansar. Personalmente una de mis favoritas. La que sigue, “Clonazepán y circo” es una negra crónica sobre la realidad argentina, aunque algún verso realmente no acabo de entender si tiene sentido o si es cualquier cosa metida porque si, también tiene otros muy contundente, y musicalmente es bella y poderosa al mismo tiempo. Incluso épica, sí señor. Y seguimos con “Los aviones”, otra favorita personal, una relajada bossanova que si no me equivoco no se parece a ninguna canción anterior suya. Puro deleite sonoro.
Tras un espectacular inicio, decae un poco, pero no demasiado, con el potente funky “Más duele”, que tiene muy divertidas trompetas y siempre me hace (sic) mover el culo. El vuelo vuelve a elevarse con la famosa “Cuando te conocí”, un perfecto single pop que me emociona cada vez que lo escucho, gracias a esa melodía inicial de guitarra, o al efectivo final (más escalofríos cuando dice lo de
”Sin perder la sonrisa…”). “Prefiero dormir” tiene aires psicodélicos, reggae y latinos, y aunque no es gran cosa, posee detalles que la hacen bastante única. Definitivamente me gusta. Aunque se queda corta comparada con la siguiente joya, el tango “Jugar con fuego”, a manos de no recuerdo que pianista (Andrés es un gran teclista, pero en este tema no toca él), con una genial interpretación vocal de Andrés y una letra, esta vez sí, fantástica (
”Si me quedé sin aliento y no supe dar contigo, va a venir la noche negra para quedarse conmigo…”). Un tema donde Andrés pone toda su alma y demuestra por qué merece todos los elogios que recibe. “Maradona”, al menos en España, es un tema muy conocido, que en cualquier bar puede desatar el frenesí. Siendo serios es puro argentineo vil, del que no tiene más interés que ser coreado por una hinchada rolinga con camisetas albicelestes del número diez, pero la verdad es que está bien interpretada y su melodía me gusta bastante. Además es lo suficientemente corta como para no molestar. Siguen dos canciones olvidadas que adoro: “Una bomba” es un alegre pop-rock-funk-loquesea lleno de simpáticos detalles intrumentales y un estribillo lleno de vida. Por otro lado “Socio de la soledad” es una genial canción rock de aires country y una letra que es una oda al hombre enamoradizo que algunos tenemos la desgracia de ser. El estribillo por otra parte, me mata, tiene una melodía que se eleva como Jesucristo subiendo a los cielos. “Son las nueve” es una hermosa balada, que el propio Andrés define como su “Wild horses”. Yo no le veo tanto parecido, pero igual es una canción preciosa que me puede emocionar bastante si me pilla mal.
Llega un momento más bizarro con los dos siguientes temas: “Las dos cosas” y “Veneno”. El primero es un reggae largo y algo irritante, pero que igual está lleno de buenos detalles instrumentales, y su estribillo me gusta mucho. “Veneno” por otra parte es una jam funky con un Andrés improvisando versos sobre drogas. Simpático. “Ansia de Plaza Francia” es una bonita balada corta y repetiva, que se torna infladota en el estribillo y yo me lo trago del todo porque soy público fácil. Qué se le va a hacer, me encanta. “Paloma” es un clásico popular, pese a no haber sido single, y es normal, pues es uno de esos temas
so fuckin’ special. Hay algo en ese arpegio ultradistorsionado que combinado con esa melodía tan poppie da lugar a una maravilla, una joya del rock en español. El CD 1 termina con “Con Abuelo”, un homenaje a Miguel Abuelo, un tema épico y quizá algo improvisado en el que Andrés escupe mil y un versos de homenaje sincero hacia su antiguo “jefe”. Me gustaba antes de conocer a su antigua banda, y ahora que soy una persona que se emociona con “Lunes por la madrugada”, esta canción me llega aún más.
El CD 2 puede parecer más duro de digerir, y quizá lo es, debido a la ausencia de singles obvios. Empieza con la más larga del disco, una especie de balada épica sobre su ciudad natal llamada “No tan Buenos Aires”, quizá el mejor tema de amor-odio que he escuchado nunca, siete minutos y medio que me hacen sentir como propia una ciudad de un país en el que nunca he estado. Sigue con “El tren que pasa”, un simpático reggae con versos pegadizos y bastante divertidos (siempre me hizo gracia lo de
”El sacerdote también tiene un capote.”). No es memorable pero está bien, y el camino que lleva a la conclusión con el verso
”Es el tren que pasa.” está muy bien construido. “Victoria y soledad” me parece lo menos interesante del disco, antes me gustaba, pero ahora la veo muy tonta e irritante. Y lo peor es que tengo amigos que la consideran como de las mejores de Andrés. Bueno, no es tan mala, es un simpático ska, pero hasta ahí. Mucho mejor me parece “Mi propia trampa”, una cumbia que peca de lo que dije antes, ser lo mismo una y otra vez, pero a mí no me cansa para nada, y ese acordeón acompañado por arreglos rockeros me encanta.
”Hoy las cartas me tocaron buenas, pero no supe ganar la partida.” “Negrita” bien podría ser mi segunda favorita del disco. Es una canción de la que el propio Calamaro se avergüenza: normal, es cinco minutos de Andrés suplicando de manera lamentable a su ex-novia que vuelva con él. Pero fuera de eso es una canción BESTIAL, una balada con piano, guitarras acústica eléctricas y teclados hammond digna de cualquier gigante del rock clásico. De hecho hoy día los Stones matarían por sacarse un tema así. La verdad es que la mención a los Stones no es gratuita, y es que en este disco y el anterior “Alta suciedad” hay varios temas que captan perfectamente la esencia de los Stones, de hecho las nombraría las canciones más stonianas hechas por alguien que no fuera Richards y compañía. Y no me refiero simplemente a sacarse un riff a lo Chuck Berry acelerado que te haga mover el pie, que es lo que muchos confunden con sonar a Stones, sino a simplemente… no sé, es la esencia. Por ejemplo con esta “Negrita”, o “Me arde” del disco anterior, me las imagino perfectamente cantadas por Jagger en inglés, y al mismo tiempo, no se me hacen parecidas a ninguna otra canción.
“Voy a dormir” podría considerarse así también, un pegadizo y divertido blues-rock-country con una letra que cuenta una especie de historia que francamente me soba un huevo, pero que suena muy argentina y eso mola. “Eclipsado” es un rockera más crudo y directo que en el estribillo se torna muy melódico, muy power-pop. Big Star, chupaos esa. Sigue otro rock algo típico que me encanta no obstante, “Mi quebranto”. Sí, estúpida y genérica, pero canciones como esta son necesarias para hacer un mundo mejor. “Me pierdo” varía el registro, haciendo una bella balada pop, que nunca me gustó tanto como otras, pero que sin duda es un cambio agradable tras tanto rockacho rutero. “Hacer el tonto” es una mezcla entre ranchera y country que considero entre mis favoritas del disco, pura canción de cantina, exaltación de la amistad.
”Cada uno lo intenta a su manera, cada uno que cante lo que quiera”. Las que vienen después nunca me gustaron tanto: hay un tango, “Naranjo en flor”, muy delicado y con buen piano, que me aburre un poco, aunque me la puedo bancar sin problemas. “Aquellos besos” es una balada bossanova, bastante distinta a “Los aviones”, y la verdad es que bastante menos interesante. Nunca me convenció tanto. Sé que algún día la sabré apreciar pero por ahora no ha llegado. “No son horas” es bastante mejor. Es un tema de un folklore que no acabo de saber identificar, pero que tiene toques bastante españoles, una letra bastante bien hecha, y un ritmo épico. Además la mezcla de base folk con órganos hammond es genial. Uno de esos temas para curar las heridas con alcohol. El potente reggae “Las heridas” es un cambio radical. Un tema corto y refrescante, que rara vez me canso de escuchar. La melodía esquizofrénica de Andrés es buenísima. “Hay” es una ida de cabeza, ruidosa y con una melodía inventada en dos minutos que por alguna razón sale bien y me parece un temazo. Quizá por lo bizarro del verso
”Más bello que el amor de Dios” sacado de la nada. “El ritmo del lunes” es una lánguida balada con letra coescrita por Morís, que sin ser nada espectacular, tiene un aire muy trascendente y una melodía muy pegadiza. “¿Para qué?” es un rock and roll acelerado y simpático por el que tengo simpatía, aunque no sea gran cosa. Lo mismo podría decir de la siguiente, “No va más”, una colaboración con Pappo, un blues muy típico y simple, pero que queda muy bien, y aporta más variedad al conjunto. El disco termina con “La parte de atrás”, una hermosa versión relajada de “La parte de adelante”, que despide el disco con melancolía y misterio, y nos da una idea de lo destrozado que estaba Andrés por esas alturas de la vida.
En resumen, un gran disco. Sí, es muy largo y digerirlo entero puede tomar su tiempo. Sí, tiene relleno, pero es que dura más de dos horas, e igualmente, si tuviera que elegir que canciones me quedaría para hacer un disco más compacto, seguiría quedándome un disco larguísimo, más largo que los 80 minutos de un disco simple. Y eso es un mérito.
No lo subo porque intentar hacer eso desde un pc de la uni podría ser épico. Por si alguien se leyó esto entero y quiere más, le dejo un link con el disco comentado canción por canción por el propio Andrés:
http://www.deepcamboya.com.ar/honestidad/honestidad.htmEso fue todo, sed felices.